En Atalaya, un muñeco de Judas es colgado de un cable y lanzado en llamas, mientras cientos de personas corean la quema.
Mientras que en San Francisco, un monigote bien vestido es paseado por el pueblo, acompañado de ‘lloronas’ (hombres disfrazados de mujer) que lo lloran ante el destino que le espera para cumplir con una tradición que suma 80 años.
Al final del paseo, se lee el “testamento de Judas”, en donde se dejan como herencia no solo bienes, sino vicios y hasta deudas a las personas más notables del poblado.
La festividad culmina con la quema de Iscariote, quien cuelga de un cable mientras sus hijos, en tono de farsa, lo lloran
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