
Transcurría una tarde calurosa de verano en Santiago de Veraguas. A Rodrigo Vernaza le urgía llegar a Santa Fe. Unos mecánicos que se identificaban el uno al otro como “Pinche” y “Chaguito” reparaban con afán la avioneta en la que haría el viaje. Era la década de 1960 y la ruta más eficiente y rápida para llegar a ese poblado en las montañas al norte de Veraguas era por aire.
“La nave está lista”, le dijeron luego al impaciente pasajero. Con recelo, Vernaza subió. Llegó bien.
En esos años no había carreteras y las vías de acceso a los distritos de la provincia apenas eran trillos que las personas recorrían a pie y a caballo.
Fue la época dorada de la aviación, y la provincia de Veraguas era reconocida en el país por sus intrépidos pilotos, algunos con estudios, pero en su gran mayoría empíricos.
Pero esa historia se comenzó a escribir con la llegada del capitán Rubén Cantú, un piloto visionario que había participado con las tropas de Estados Unidos (EU) en la Segunda Guerra Mundial.
HISTORIA
Régulo Hernández, uno de sus discípulos, cuenta que Cantú, nacido en Dallas, EU, pero de raíces mexicanas, llegó a Veraguas entre los años 1947 y 1950. Poco tiempo después se fue del país, y al regresar se radicó en Colón. A finales de la década de 1950 regresó a Santiago, donde fundó una empresa de viajes comerciales, un taller de mecánica y se dedicó a la enseñanza de la aviación en una escuela creada para tal fin.
Héctor Santacoloma, quien es comunicador social, vivía frente al aeropuerto de Santiago. Era entonces un llano ubicado donde ahora está la sede de la Universidad de Panamá. A los 11 años comenzó a trabajar allí como ayudante de mecánica, limpiando piezas con gasolina.
Cuenta que en esa época se ensamblaban aviones en Santiago. Dice que Cantú compraba los armazones y que en los talleres se les montaban los motores y se les hacían las cubiertas .
Hernández destaca que estos talleres eran tan reconocidos que allí no solo se reparaba y se le brindaba mantenimiento a las naves de Santiago, sino que llegaban de todas partes del país, así como de Costa Rica y hasta de Estados Unidos.
LOS SERVICIOS
La aviación en Veraguas era comercial, pues se transportaban pasajeros y producción agrícolas.
Pero una de sus funciones más importantes era el traslado de enfermos, sobre todo los de escasos recursos, de áreas tan apartadas como Calovébora en Santa Fe, Arenas en Montijo (ahora Mariato) y Chitra de Calobre.
Régulo Hernández dice que en muchas ocasiones estos viajes eran gratis, ida y vuelta, y al final a los pilotos les tocaba regalarle algo de dinero a las personas para que comieran durante los días que permanecían en Santiago.
LA ESCUELA
José Pinzón, quien aprendió a pilotear avioneta con Cantú, dice que en principio no le interesaba mucho la aviación, pero por necesidad laboral entró a los cursos de la escuelita del piloto. Dijo que las clases no eran tan académicas sino más bien prácticas, pues apenas se les explicaba cómo era la avioneta por dentro y por fuera y los instrumentos, y comenzaban de una vez las clases de vuelo.
Estos pilotos no volaban con instrumentos, sino con brújula y contacto visual con puntos de referencia. Además, en esa época las avionetas no tenían radio.
LAS NUEVAS PISTAS
Cuando Rubén Cantú se radicó en Santiago, no existía pista de aterrizaje, por lo que se habilitó un llano donde se instalaron los hangares y se construyeron las oficinas de las empresas de aviación.
También se adecuaron pistas de aterrizaje en Santa Fe, Calovébora, Chitra, Los Valles, Cañazas, Montijo, Ponuga, Arenas, Mariato, La Mesa, San Francisco y Las Palmas.
Rubén Cantú usaba una avioneta Cessna L13, modelo saltamontes, tipo militar, que realizaba aterrizajes y despegues cortos y a la que se le llamaba “El Burro” por la capacidad de carga que tenía. En esa época se compraban aviones de segunda mano en cuatro mil dólares, recuerda Pinzón.
EL OCASO DE LAS ÁGUILAS
El 8 de diciembre de 1967, en un fatal accidente aéreo en la comunidad de El Común de Santa Fe, murió el capitán Rubén Cantú junto a dos pasajeros: una educadora y un niño, que viajaban desde Calovébora. En su honor, el aeropuerto de Santiago lleva su nombre.
Hace un año, el 31 de enero de 2009, murió Miguel Ángel Pastor, uno de los últimos pioneros de la aviación en Veraguas que quedaban con vida. Según Régulo Hernández, cuando Cantú murió tenía planes de retirarse y dedicarse a la reparación de aeronaves.
Hernández también contó que con el tiempo los propios alumnos de Cantú continuaron con su misión, pero al construirse las carreteras, los altos costos del combustible, las refacciones y avionetas más caras, los viajes aéreos regionales decayeron. Incluso, dice, tras la apertura del aeropuerto Capitán Rubén Cantú en las afueras de Santiago, se continuaron haciendo viajes de pasajeros, pero a la larga todos cesaron.
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