
Leonardo Flores
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Son las 10:00 a.m. del domingo 18 de enero y el “almacén” de El Bale, un pueblito enclavado en la cordillera central, cierra sus puertas porque el sacerdote Roberto González se prepara para oficiar, como cada domingo, la misa.
Unos 100 parroquianos le siguen a la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el mero centro del pueblo, a donde solo se puede llegar a pie o en un vehículo todoterreno.
Son 65 kilómetros que hay que recorrer entre Santiago de Veraguas y este pueblo montañoso habitado por unas 144 personas, la mayoría de la etnia ngobe buglé. Existe, además, un centro de salud, una escuela primaria y una fundación para ayudar a los niños.
LA ESQUINA DEL MUNDO
La figura central sigue siendo el sacerdote Roberto González, a quien se atribuyen algunas obras sociales en salud, deporte e infraestructuras. Pero no está allí “en la esquina del mundo” por su propio gusto. Está en una especie de exilio eclesiástico tras ser condenado por el Juzgado Primero de Circuito de Veraguas por el delito contra el pudor, la integridad y libertad sexual en perjuicio de alumnos menores de edad del Instituto Jesús Nazareno de Atalaya, distrito donde laboró por nueve años hasta 2003 cuando explotó el escándalo de pederastia en el seno de la Iglesia.
Su condena se dio en 2005 y fue por 20 meses de cárcel e inhabilitación de sus funciones. Pero tras una batalla legal la condena se redujo al pago de 375 dólares.
Su historia habría quedado en el anonimato como la de los miles de casos que procesa el órgano Judicial. Pero González no ha querido bajar el perfil, tal como se lo recomendó su propio obispo, el jefe de la diócesis de Santiago, Oscar Brown.
Su aparición en actos públicos ha provocado la incomodidad del propio presidente de la Corte Suprema de Justicia, Harley Mitchell, quien el 11 de abril de 2008 evitó que realizara los actos religiosos de la inauguración de las nuevas oficinas del órgano Judicial en Soná de Veraguas.
El incidente indignó a la secretaria del Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción, Alma Montenegro de Fletcher, quien envió dos cartas al obispo Brown; al arzobispo de Panamá, José Dimas Cedeño; al presidente de la Conferencia Episcopal, José Luis Lacunza, pidiendo correctivos morales más enérgicos contra el sacerdote.
“Señor obispo, como consecuencia de un tratamiento jurídico plagado de deficiencias en el mal uso de los conceptos y tecnicismos jurídicos, ha quedado en la impunidad el delito cometido por este sacerdote, e imposibilitó la aplicación de una sanción aleccionadora”, detalla el documento del 14 de noviembre de 2008.
En octubre de 2007, Montenegro de Fletcher también manifestó su preocupación por el comportamiento del sacerdote, quien se “mostraba en público con alarde, sin decoro ni vergüenza, lo que demuestra que poco le importa el daño espiritual, emocional y físico cometido por él contra niños bajo su cuidado”.
LOS ENREDOS DEL OBISPO
Consultado por este diario, el obispo Brown dijo que el sacerdote no debe participar en estos actos públicos, ya que a él se le ha permitido un ejercicio discreto, parcial, del ministerio que no incluye la participación en esos actos. “Pero no logramos que nos obedezca del todo. Esa es una falla que no debe volverse a repetir”, señaló.
González está acostumbrado a tratar con la prensa. Su nombre salió a relucir en la disputa de los moradores de Atalaya con Brown, que cuestionaban a su obispo por el cambio de la imagen del Cristo. “Queremos que nos devuelvan al Cristo y al padre Roberto González”, decían los carteles. De hecho, Brown pidió perdón y les devolvió la imagen.
González niega tener relación con estas protestas y asegura que en su caso existe una persecución. No identifica quién sería. Va más allá y plantea que ya no se trata de un ataque contra él, sino contra la Iglesia. De paso saca a relucir las diferencias de opinión entre altas figuras del Gobierno y la Iglesia en torno al proyecto de salud sexual y reproductiva.
En su iglesia, en El Bale, atendió preguntas de este diario. Acepta que no fue incluido en el programa oficial donde estaba Mitchell pese a haber sido invitado por un sacerdote de Veraguas y plantea que Fletcher debe ocuparse de grandes casos de corrupción.
“No entiendo por qué venir a perseguir a un hombre que está acá en la esquina del mundo ayudando a los demás