Los fondos que se obtienen de las ventas de dulces son destinados a la obra social de la parroquia.
Las recetas de los pasteles vienen de generación en generación y constituyen un orgullo para los moradores.
Ney Castillo
Santiago, Veraguas
Es la nochebuena del año 1943. Una brisa fría se siente sobre el poblado de San Francisco de La Montaña y el olor a queroseno avisa que los tradicionales dulces están sobre las mesitas fuera de las viviendas.
Fulvia Torres viuda de Palma, quien ese año cumplía 11, recordó que por primera vez sus padres le permitieron salir a recorrer las casas y comprar los dulces de sus preferencias.
En esa época el poblado era pequeño, había pocas casas y no había luz eléctrica, los moradores sacaban mesas a las entradas de sus viviendas y alumbraban la venta de dulces con guarichas.
San Francisco se destacaba por ser un poblado donde se mantenían recetas de dulces especiales, los que habían pasado por generaciones de padres a hijos.
Estos dulces, que estaban hechos a base de frutas, verduras, leche, granos y hasta raíces, eran reconocidos en otros poblados por su sabor y manera peculiar de prepararlos.
Para Fulvia esta época era muy bonita, porque las personas salían de sus casas y recorrían las ventas, se unían las familias y amigos, para probar y comprar los dulces.
Aseguró que cada año se esperaba esta fecha para salir en busca de los dulces que más les gustaban, pues muchas personas se dedicaban a hacerlos en San Francisco de La Montaña y mantenían recetas que venían de sus madres y abuelas.
Para esta mujer sanfranciscana los dulces en este poblado eran tan deliciosos que llegaban personas de otras partes, sobre todo de Santiago, para comprar y probarlos.
A finales de la década de 1940 la tradición de sacar los dulces y exponerlos en una mesita en nochebuena comenzó a perderse, desde entonces se vendían, pero dentro de las casas de quienes los prepararon.
Inclusive, según Fulvia, muchas personas comenzaron, con los años, a dejar de preparar los dulces y hasta a olvidar las recetas.
SE RETOMA TRADICIÓN
Después de 60 años de haberse perdido la tradición en el poblado, nació la idea de los propios moradores de retomar esta costumbre de exponer y vender dulces durante una feria.
Durante este evento cada morador dona los dulces, preparados con las recetas de las abuelas, y se exponen para la venta, donde los visitantes tienen la oportunidad de comprarlos y poder probarlos.
En el año 2004 se realizó la primera Feria de los Postres de San Francisco de La Montaña, a la que asistieron muchas personas y los dulces preparados se agotaron.
Para el sábado 26 de enero se ha programado la quinta feria, en el parque del poblado, donde se expondrán los tradicionales dulces, habrá venta de comida, jugos naturales, frituras y demás alimentos, desde las 4:00 p.m.
También habrá una tarima artística, donde se realizarán actividades culturales y folclóricas, para el esparcimiento de los visitantes.
COMUNIDAD UNIDA
Sancthis Mabel de Muñoz, presidenta de la feria, manifestó que todo un pueblo se une para respaldar esta actividad, buscando rescatar los ricos dulces que se preparaban y se saboreaban hace muchos años.
"Esta actividad representa la máxima expresión de colaboración, unión, trabajo y amistad de los sanfranciscanos, que unidos como una familia han logrado que esta feria sea conocida a nivel nacional", expresó la presidenta de la feria.
Indicó que hay mucho entusiasmo en la comunidad, la que trabaja preparando los postres para este evento una semana antes, para donarlos y colaborar.
El dinero recogido de la venta de los postres, la comida, bebida y las donaciones que se hacen a la feria son entregados en su totalidad a la parroquia del poblado para la labor pastoral de todo el año.
De Muñoz comentó que esta feria es organizada por la Asociación de Sanfranciscanos Unidos y el Comité Parroquial de San Francisco de Veraguas, los que cada año trabajan en coordinación con toda la comunidad para que el evento sea un éxito.
Venancio Cianca, vicario de la parroquia, afirmó que las personas cada año se esmeran para cooperar y ayudar a la labor pastoral que se realiza en el poblado.
Sostuvo que a nivel de la parroquia se está muy contento porque la comunidad ayuda con esta actividad al trabajo que se hace y al final el beneficio es para todos.
Sixto Rodríguez, morador, apuntó que durante esta actividad se reúne toda la familia, vecinos, amigos y visitantes, para disfrutar de los dulces.