Valeria González es una pequeña empresaria que ha salido adelante a pesar de las limitaciones.
El Programa de Electrificación Rural planea dotar de luz a 40 mil familias del interior del país.
Hermes Sucre Serrano
y Ney Castillo
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Es casi medianoche en Llano del Nance de La Atalaya, una comunidad de Veraguas donde la única luz eléctrica que se conoce es la que derraman los faroles de los carros que esporádicamente arriesgan sus gomas por las pedregosas calles del pueblo.
Detrás de la temblorosa luz de una guaricha (mechero rudimentario) se desfigura la silueta de Rosa Mendoza, estudiante de secundaria que trata de aprovechar la poca claridad que le regala la flama para descifrar los enigmas aritméticos del Baldor.
Luego de esta primera batalla, Rosa acerca un manojo de folios hacia la base de la guaricha para aprovechar mejor la luz: es la hora de pintar los mapas para la clase de geografía. En un rincón, muy cerca, en un estropeado camastro impregnado del olor a querosín, sobresale el brillo de esperanza de una mirada maternal que confía en mejores días.
En la actualidad, Rosa lucha por abrir una trocha de conocimientos en la Universidad de Panamá, sede de Veraguas. Todos los días ejercita sus piernas hasta tomar un transporte que la lleve al centro regional. La escuela queda lejos, pero el triunfo está cerca.
FE Y ENERGÍA
La falta de energía eléctrica nunca ha oscurecido las ansias de superación de los espíritus de victoria, como el de Rosa Mendoza, de 23 años. Sin embargo, no deja de ser una desventaja porque en el campo la oscuridad de la noche es tan puntual como el canto de la cigarra, el zumbido del mosquito y el vuelo de la lechuza.
Llano del Nance es una comunidad pastoril en la que hombres y mujeres llevan la etiqueta invisible de la sencillez. Tiene la belleza típica de la campiña. En los huertos los aguacates semejan enormes esmeraldas y las granadillas esperan turno para ir a parar a la jarra de chicha.
En las madrugadas, las afanosas mujeres trituran en máquinas manuales la masa para la tortilla de cazuela, mientras bajo la claridad de la luna los labradores amuelan sus machetes en la lija de la piedra de río. En un patio pelado, que los muchachos usan para jugar bolas (canicas), el pilón bota el afrecho de arroz como si fuera un volcán, y las gallinas ceden ante las presiones de los coloridos gallos, mientras que los palomos de castilla pican repetidas veces el suelo para desaparecer los granos de arroz.
LA LUCHA DIARIA
En la comunidad de Llano del Nance también vive Valeria González, una mujer luchadora que siempre busca oportunidades para ganar ingresos honradamente. Hace unos años se inscribió en el proyecto Veranera 2 del Despacho de la Primera Dama, donde consiguió el financiamiento para un proyecto avícola.
Manifestó que luego de cumplir con todos los requisitos, la declararon clasificada, por lo que comenzó con el proyecto de pollos, pero explicó que una de las más duras limitantes es la falta de luz, pues en este tipo de negocio es importante la energía eléctrica para garantizar que las aves se alimenten día y noche.
A base de ingenio encontraron una solución sencilla: iluminar en las noches la polleriza con guarichas para que las aves estén despiertas y ganen las libras que necesita la patrona. "Allá está Valeria con sus pollos", dicen los moradores cuando ven en la lejanía el concierto de mechorros.
La empresaria indicó que le ha ido tan bien en el proyecto, que ya canceló el préstamo y tiene fondos para ahorrar y darle bienestar a su familia.
Estas son apenas dos historias de las que se repiten una y otra vez en la campiña veragüense, donde la falta de luz se suma a las carencias de comunidades pobres, que esperan que el tañido de la campana del crecimiento económico de la ciudad capital también retumbe en sus tierras.
Pero como ningún hijo de Dios muere en la penumbra, surgió la alternativa del Proyecto de Electrificación Rural, que ha prometido encender los bombillos en estas alejadas comunidades. La comunidad de Llano del Nance fue incluida en este proyecto, después de más de 80 años de existir como poblado y de no tener luz.
Como esta comunidad, hay otras 16 en Veraguas que serán beneficiadas con este proyecto, las que están también a la espera de la interconexión para contar con luz eléctrica en sus viviendas.
Alexander Rodríguez, director del Proyecto de Electrificación Rural, aseguró que el fin primordial de este programa es que cada panameño que hoy subsiste en la oscuridad, pueda contar con el servicio.
Indicó que este programa se está ejecutando en todo el país y también en las comarcas.
Confirmó que la programación contempla llevarle luz a unas 40 mil familias del país, que en la actualidad no cuentan con el servicio.
Rosa Mendoza cursa el tercer año en la carrera de español en la Facultad de Humanidades. Cuando venga la luz completará la maestría, pero guardará la guaricha, por si acaso...